martes, 28 de junio de 2016

Comprender el condicionamiento... Roland Yuno Rech




Comprender el condicionamiento



Kusen Roland Yuno Rech – Sesshin de Pirineos, noviembre de 2015

Durante zazen no siempre estamos perfectamente concentrados y entonces, nos damos cuenta de que cuando nos dejamos arrastrar por los pensamientos o por las emociones nuestra mente cambia, nuestro estado de conciencia cambia y literalmente transmigramos de un mundo a otro, de un mundo de la mente al otro; sin movernos, en función de los apegos del momento. 

A veces podemos ser asaltados por pensamientos negativos por sufrimientos morales y sentirnos literalmente en el infierno, en un impase, desesperados, pero curiosamente eso pasa. Vienen otros pensamientos, otras emociones, puede que dominados por nuestros apetitos, por la comida, por el sexo, los fantasmas pueden surgir; en otro momento nuestras preocupaciones profesionales, de familia, nos vienen a la mente. Y así, en el curso de un zazen podemos atravesar los seis caminos de transmigración. Pasar del estado infernal al estado paradisíaco, pasando por el estado animal, humano, a veces agresivos cuando estamos en cólera. 

Pero en ese momento podemos comprender un aspecto del despertar de Buda que él expresó poco después de su Despertar, que los seres humanos renacen constantemente en función de su karma, es decir, de acciones que han sido determinadas por sus bonno, sus ilusiones, sus apegos.

Cuando el Buda explicó esto no pidió a sus discípulos que le creyeran, sólo expresó su experiencia, lo que había vivido y que para él tenía un gran valor de verdad, igual que para muchos de sus discípulos. 

Para nosotros es menos evidente, nosotros no pensamos en términos de renacimiento, no está en nuestra cultura, en nuestros arquetipos. Sea lo que sea, el punto esencial en la enseñanza de Buda es comprender el condicionamiento. Es decir, que no existimos de una manera permanente, que el estado de nuestro cuerpo y de nuestra consciencia, es un estado condicionado,  que depende de nuestras fabricaciones mentales, de nuestros pensamientos, de nuestros apegos y que, incluso sin pensar en antes de nuestro nacimiento y en después de nuestra muerte, cuando contemplamos la película de nuestra vida vemos cómo atravesamos periodos, estados, muy diferentes.

 Con respecto a esto, con respecto a esta transmigración incesante en nuestra vida, que hace de esta vida un samsara mientras podría ser un nirvana, sólo la concentración en zazen no es suficiente. 

El Despertar de Buda tiene un componente muy importante que es  la comprensión profunda de la causalidad y que resulta de una observación atenta de cómo aparecen las cosas y cómo desaparecen. De esto, podemos tomar conciencia en zazen pero también siendo siempre plenamente conscientes, en la vida cotidiana, de lo que pasa y cómo pasa, sobre todo en nuestro propio cuerpo y nuestra propia mente y en nuestra interdependencia con los otros y con el entorno. 

El hecho de que nuestros estados mentales y por tanto el universo mental en el que vivimos, sea condicionado, no quiere decir que no tengamos ninguna libertad, al contrario. Cuanto más comprendemos como somos condicionados por nuestras propias actitudes, nuestros propios pensamientos, más podemos actuar para liberarnos, no sólo abandonar un instante o el instante de la duración de un zazen. Si no, la práctica de zazen sería sólo un paréntesis, un interludio feliz, tranquilo, en una vida agitada, dolorosa. El zen no es el verdadero significado de la práctica de zazen.

Zazen no es un área de reposo en una autopista. Zazen debe poder ser verdaderamente práctica de despertar y de realización y es necesario el elemento de comprensión profunda: Prajna.

Lo que condiciona nuestros diferentes estados mentales, es el apego a esa concepción mental que llamamos ego. No se trata de combatirla sino de comprenderla. Porque al vivirla erróneamente llegamos a tomar por permanente y substancial algo que no lo es. Si tenemos tendencia a adoptar esta creencia en un ego permanente y substancial es porque tenemos miedo del vacío, miedo de no ser nada. Entonces nos construimos una identidad, nos identificamos con todo tipo de cosas, de experiencias, nos decimos, soy yo. Yo soy alguien así o asá, con tal o cual característica. Tenemos tendencia a fijarnos así, transformarnos en una estatua, y en la mayoría de los casos, una estatua de sal que se fundiría en el primer chaparrón.

La práctica de zazen despierta, a la manera de Buda Shakyamuni consiste en cambiar radicalmente de punto de vista: aceptar la realidad de la ausencia de un ego fijo y permanente. Pero en lugar de ver en ello algo negativo, desafortunado, comprender que aceptarlo es la puerta de la liberación, pues es lo que nos permite armonizarnos con la realidad, con lo que a veces llamamos el orden cósmico o el Dharma. Y en lugar de estar encerrados en algo artificial, estrecho, poder respirar y vivir la verdadera vida, que es estar en armonía con todo el universo. Esto facilita enormemente el soltar presa, no sólo durante el paréntesis que dura el tiempo de un zazen sino constantemente, en todos los momentos y las circunstancias de la vida cotidiana. Y ese soltar presa hace más fácil que realicemos que en el fondo no hay nada que soltar, todo eso a lo que nos aferramos no es nada, nada substancial, pues es todo.

Nada es una ausencia, una nada, sino todo lo contrario una vida total, una vida en total relación de interdependencia con todos los seres, que nos hace salir radicalmente de nuestro encierro, de nuestra soledad. Perdemos algunas falsas protecciones, pero ganamos una gran liberación. Ninguna necesidad de malgastar energía, de defendernos, nuestra mente encuentra su verdadera fluidez natural, su capacidad de surfear sobre las olas y sobre todo, no  estancarnos en una posición.  

Fácilmente y rápidamente, poder ponernos en el lugar de otro ser, de un animal, un árbol, una montaña, vivir realmente esta unidad con todos los seres. En ese momento ya no hay oposición entre lo que llamamos samsara, es decir, esta vida de transmigración en estados condicionados y a menudo dolorosos y lo que llamamos el nirvana. Pues el nirvana no es un lugar alejado, más allá, es sólo otro estado de consciencia en el que los venenos de la avidez, el odio y la ignorancia han sido disueltos.

El que lo envenena todo que es el veneno de la ignorancia, es decir, el no-despertar. Dejaos pues iluminar, aclarar por zazen y dejad que esa ignorancia, a veces voluntaria, se disipe. Con total confianza. Es el mensaje de Buda: que esto es posible para, absolutamente, todo el mundo, no es necesario ser un ser excepcional para ello, tan sólo es necesario tener el valor y la paciencia de mirarse a uno mismo, y dejarse despertar por la verdad.

miércoles, 15 de junio de 2016

Y 6 .- La práctica del zen: Una búsqueda del sentido, Roland Yuno Rech

                                                                               Foto de blog zen Chile



LA PRÁCTICA DEL ZEN: UNA BÚSQUEDA DEL SENTIDO (y 6)

Lo que funda los valores del zen es la realización de la vía sin separación o naturaleza de Buda. Implica no hacer a los demás lo que no querríamos que nos hicieran y actuar en armonía, no con respecto a la voluntad de Dios, sino con esa naturaleza de Buda presente por todas partes en cada existencia.

Los rituales del zen no son más que la expresión de nuestra gratitud con respecto a los Budas, Bodisatvas y enseñanzas que nos han puesto en contacto con esta vía. La vida cotidiana, y en particular el trabajo, lejos de ser una tortura son una celebración de la naturaleza de Buda.

El Samu es práctica de concentración y de despertar y un servicio a la comunidad.

El espíritu está alegre como el del tenso, el cocinero zen, feliz de poder alimentar los tres tesoros, Buda, Dharma y Sangha.

El sentido del sufrimiento es que es el síntoma del no despertar a la última realidad, no se resuelve acumulando progresivamente buenos méritos y eliminando las ilusiones que no tienen sustancia. No buscamos el Nirvana más allá del Samsara, lo hacemos realidad en el Samsara. Libres de los tres venenos y viviendo en armonía con lo que somos: Budas.

El sentido de nuestra vida no es expiar el pecado original ni el mal Karma pasado sino vivir en armonía nuestra verdadera naturaleza original.

El zen es una vía directa que hace realidad inmediatamente la realidad sin substancia. En la vacuidad ya no se discrimina, no se crean conscientemente valores. Los valores aparecen como expresión del despertar a la naturaleza de Buda, es decir, la existencia sin separación.

No hay un sentido que conseguir, pero el sentido se hace realidad cuando el espíritu se abre al Dharma. Es lo que hace que el Dharma sea transmitido desde  Sakyamuni hasta nosotros con los preceptos y el Kesa, es lo que llamamos Shoden nobupo.

Entonces podemos comprender que todo predica el Dharma. Es el sentido de Muyo sepo, la enseñanza del Dharma por los seres inanimados. El espíritu de Buda de manifiesta en el zazen, pero también en la naturaleza, en todos los seres que nos presentan Inmo, la realidad tal y como es más allá de las impurezas de la mente. Ser consciente de ello nos permite comprender un sentido de unidad con la naturaleza y, de forma natural, emplear todo de nuestra parte para preservar las condiciones más sanas de vida sobre la tierra.

La respuesta a la pregunta de por qué se encuentra en el cómo. Cómo vivir en armonía con lo real.

No hay una respuesta última al por qué ni al para qué. Por interdependencia no tiene comienzo ni fin. Siempre hay un antes y un después, pero no se pueden agarrar.





martes, 14 de junio de 2016

Para acabar el "curso zen"


    El "curso zen" llega a su fin. Este sábado 18, habrá costura a las 9 de la mañana y zazen a las 11,30 horas.

El sábado 25, realizaremos media jornada, de 9-10,30 zazen, desayuno, y de 11,30 a 12,30 zazen, ceremonia ; posteriormente haremos la reunión del dojo para realizar un balance/evaluación por un lado de la práctica en el dojo por otro de las sesshines y jornadas que hemos organizado, así como en las que hemos participado.

Tras este balance, haremos un adelanto de organización del "curso" que viene, así como la preparación de los horarios de verano.

El dojo permanecerá cerrado desde el 27 de junio hasta después de los Sanfermines ,

Retomaremos el zazen el 19 martes a las 20,05 horas.

En el mientras, buen Gyoji.

miércoles, 8 de junio de 2016

La práctica del zen: Una búsqueda del sentido (5) Roland Yuno Rech



El sentido de la vida del o de la que despierta a esto, y que por lo tanto es un bodhisattva, es la realización de sus votos altruistas fundados en la compasión. Es vivir en armonía con la verdadera naturaleza, hacer realidad el “no-si mismo” y existir sin avidez.

Los votos del bodhisattva  no pueden hacerse realidad por nuestra voluntad personal, pues el ego no puede salvar a nadie y el que cree que hay egos que salvar tampoco es un ser despierto. El espíritu sin objeto “mushotoku”, hace realidad los votos pues deja actuar la naturaleza de Buda. Nuestra vida está animada por un sentido del despertar de forma intuitiva.

Hacer realidad la última vacuidad nos permite renunciar a un fundamento absoluto en el bien o en el mal, lo que impide cualquier dogmatismo o fanatismo. Ello nos hace incapaces de cometer el mal, sohaku makusa, y esta incapacidad es mucho más importante que todos los debates sobre la moral.

Las paramitas o prácticas liberadoras no son sólo medios hábiles para perfeccionarse en la vía, sino la expresión de la sabiduría y de la compasión del despertar. Son los valores que orientan la vida de los practicantes y hacen que vivan en armonía con el despertar hecho realidad en meditación. Es la fuente de sentido y de valores para nuestras vidas. Esta armonía es el criterio de la realización. Os presento algunos casos que la ilustran.
Dar no es posible porque no poseemos nada, ni siquiera nuestro cuerpo nos pertenece. Vivimos de prestado. Dar es devolver lo que hemos recibido. Ello confirma el desapego provocado por sin jin datsuraku, el abandonar provocado por la concentración sin objeto en zazen. El don libera del veneno de la avidez, beneficia a quien recibe y hace feliz al que da. Materializa nuestra solidaridad con todos los seres sensibles.

Los preceptos del zen son la realización del dharma. No son prohibiciones sino valores que expresan la naturaleza de Buda en la vida cotidiana. En la ordenación se transmiten como reglas de vía, recomendaciones de no hacer el mal, hacer el bien y de hacer el bien por los demás.

En la práctica de la meditación se descubre la vacuidad de todas las discriminaciones mentales y el Maestro Dogen recomienda no pensar ni en el bien ni en el mal. Ello no conduce al nihilismo moral pues simultáneamente el abandono del apego al ego, causa de los tres venenos y por lo tanto del mal; ya no nos permite cometer el mal. No es que no se deba cometer el mal ni que en la vacuidad el bien y el mal ya no existan, sino que en la conciencia hisiryo no se puede cometer ningún mal.

De esta manera, en la no-separación, es imposible matar, ni tan siquiera agredir.
Robar supone el apego a un objeto que en realidad no existe.
Mentir es imposible cuando uno se mira en el espejo de zazen y cuando zazen dirige nuestra vida.
La mala sexualidad resulta de la carencia de amor, del encierro en el ego y de la ausencia de empatía. Zazen desarrolla esta empatía sin la que no hay verdadero amor.
Intoxicar el cuerpo y la mente hace imposible la práctica de zazen pues se notan con gran intensidad sus efectos perturbadores. Cuidar de uno mismo, tener una mente sana en un cuerpo sano, es estar receptivo a la naturaleza de Buda. Entonces todas las frustraciones que conducen a las adicciones desparecen.

Las reglas y preceptos del zen son, en primer lugar, normas relativas a las que uno se conforma sin apegarse a ellas, después se convierten en la expresión del despertar transmitido. La paciencia es un ejercicio de soltar presa, pero cuando no hay nadie que suelta y nada que soltar se hace realidad a verdadera libertad.

Entonces toda la energía se puede utilizar naturalmente para hacer realidad la vía con los demás que en el fondo no están separados de nosotros mismos. Aunque aparentemente son diferentes a nosotros mismos. Esto es la manifestación de la compasión y la expresión de la sabiduría.

Los criterios de una vida justa se interiorizan y se manifiestan en la práctica, se vuelven inútiles cuando nos recargamos constantemente de esta práctica en zazen, entonces nuestro ego ya no vive, sino que Buda vive en nosotros.

Esto significa que a la vez despertamos de nuestras ilusiones y despertamos a la realidad. Todo se convierte en ocasión de practicar la vía. Cada día es un buen día y cada lugar un buen lugar para actualizarlo.

jueves, 2 de junio de 2016

Una búsqueda de sentido (4), Roland Yuno Rech

                                                                                                   raulvaimbers



Cuando el Genjo Koan habla Dogen de olvidarse, no es olvidarse en el sentido del sacrificio de uno mismo, del rechazo que sería mortificación o negación de uno mismo; sino olvido en cuanto abandono de todo lo que uno mismo crea separación. De todo lo que es apego a un falso ego, a una construcción mental. Se supera la ilusión de ese yo que dice yo… y se toma en serio, se opone a los otros y crea numerosos conflictos y separaciones. De esta manera el “no-si mismo” es el verdadero “sí- mismo”, es decir, una existencia sin separación, una existencia que incluye a las demás.

Zazen nos libera de los apegos que perturban la paz del espíritu, las preocupaciones de la vida cotidiana, la avidez, el odio, la agitación y el letargo; las dudas y todas las maquinaciones mentales tales como la idea de un yo separado. Sólo permanece una conciencia atenta y ecuánime que no se estanca en nada, ni siquiera en los estados estáticos que algunos interpretan como satori. La verdadera liberación consiste en percibir intuitivamente la ausencia de sustancia de todos los fenómenos por el hecho de que están condicionados por su interdependencia. De esta manera uno puede despertar de sus ilusiones, iluminar sus sombras, lo que nos evita proyectarlas sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Ello permite acoger lo otro tal y como se presenta, sin juzgarlo a través de nuestras categorías mentales. Entonces, el valor que anima inconscientemente nuestra vida es el amor benevolente y la simpatía hacia todos los seres.

Recuperamos nuestra unidad original con todo el universo, cualquier sentimiento de carencia desaparece y la necesidad de sentido se abole La verdadera naturaleza de nuestra existencia se hace realidad en la vida sin separación.

“Sin por qué es la rosa ”, decía Ángelus Silesius. La cuestión del sentido surge de una carencia, el no estar en unidad con la vida de cada instante que busca compensaciones en el haber, riquezas, conocimientos, poder, sentido.

Zazen nos despeja de la pregunta y de lo que la provoca. En ku, la última vacuidad, no hay sufrimiento, ni origen del sufrimiento, ni cese del sufrimiento.

No hay separación entre sujeto y objeto, entre significante y significado, entre acción y finalidad que alcanzar. Coincidimos con Wittgenstein cuando escribe: “La solución al problema de la vida se encuentra en su disipación”. La vida que emana de ellos o manifestación de una armonía con el dharma, con el orden cósmico. El sentido profundo aparece cuando ya no se espera, no se busca, pero se nos ofrece por añadidura, es el regalo de zazen.

¿Un sentido más allá de todos los por qués. Por qué interroga la causalidad, hemos nacido en esta condición a causa de nuestro karma pasado. Shakyamuni lo comprendió en la meditación que hizo de él un despierto. Las doce causas interdependientes nos mantienen en el ciclo del samsara, su funcionamiento implica que nuestra existencia está hecha sólo de interdependencia ,  así que no tiene sustancia propia, por lo tanto el egoísmo ha de abandonarse y se manifiesta el sentido de profunda solidaridad con todos los seres. Y se convierte en respuesta a la pregunta: ¿Para qué?