jueves, 21 de mayo de 2015

Despertar y transformación 1- Roland Yuno Rech




Aurélie Godefroy : Buenos días a todos y gracias por vuestra fidelidad. Estamos felices de encontraros esta mañana de domingo para la emisión que consagramos al Despertar y la transformación en el Zen. Porque experimentar la realidad del ser y la transformación de nosotros mismos, de nuestra consciencia, de nuestro cotidiano y de nuestra acción en el mundo necesita la integración de la Vía en lo cotidiano, de la toma de consciencia del sentido de nuestra existencia ¿Qué es precisamente el Despertar, a qué nos despertamos, en qué consiste esa transformación ? Os propongo para hablarlo encontrarnos con Roland Rech. Buenos días Roland Rech. 

Roland Rech : Buenos días.

A. G. : Eres discípulo del Maestro Taisen Deshimaru, enseñas desde hace treinta años, hoy en el Templo Zen de Niza y en el Templo Zen de la Gendronnière y llevas igualmente retiros durante el año un poco por todo Europa. La primera pregunta, ¿por qué ésta cuestión del Despertar, de la transformación, es algo central en el Zen ?

R. R. : Porque la práctica del Zen es una práctica que ha surgido verdaderamente del Despertar de Buda, Buda quiere decir el Despierto, y el Despertar no es solamente como se cree frecuentemente una especie de intuición súbita, ser conscientes de una gran verdad, de una realidad, como eureka, he comprendido. En el Zen insistimos mucho sobre la realización, por eso que no nos gusta mucho hablar de la palabra « satori », en todo caso en el Zen Soto, porque « satori » evoca demasiado la comprensión, en japonés quiere decir comprender. Por supuesto ese comprenderse uno mismo es muy importante pero lo más importante es actualizar aquello a lo cual nos hemos despertado concretamente, realmente en la vida cotidiana, eso es la verdadera esencia del Zen.

A. G. : Podemos preguntarnos finalmente, ¿a qué nos despertamos ?

R. R. : Nos despertamos fundamentalmente a la verdadera naturaleza de nuestra existencia, creo que en tanto no se haya realizado ese despertar a la naturaleza profunda de nuestra existencia, es decir al hecho que nuestro pequeño ego es sólo la superficie de nosotros mismos y que la profundidad de nuestro ser es una manera de ser en total unidad con todas las existencias del universo, de ser uno con eso, en tanto no se lo haya realizado, uno se siente como encerrado en uno mismo, como constreñido, no se respira verdaderamente como es debido, no se actualiza la realidad profunda de nuestra existencia, entonces sentimos necesariamente insatisfacción. Buda hablaba de Dukkha, el sufrimiento, el sufrimiento de no estar despierto. Pero la mayor parte del tiempo uno no se da cuenta de la causa de ese sufrimiento y entonces se  sufre porque se piensa que nos falta algo. En realidad no nos falta nada; lo que somos lo somos desde el origen salvo que nos falta tomar consciencia, y habiendo tomado consciencia de lo que somos en realidad actualizarlo en nuestra forma de vivir en lo cotidiano.  

A. G. : Así que es a la vez conocerse uno mismo y olvidarse de uno mismo.

R. R. : Absolutamente, olvidarse de uno mismo no es la negligencia, no es una especie de olvido desafortunado; es abandonar, soltar la presa de nuestra identificación con el pequeño ego, que ciertamente es importante porque necesitamos tener un sentimiento de unidad y de identidad personal, pero no es la totalidad de nuestro ser, lejos de eso. Cuando se habla de olvidarse de uno mismo es abandonar lo que se piensa que es el « yo », que no es una realidad, son nuestras ilusiones : yo soy así o asá, con tal proyecto, tal carrera, tales ambiciones, tal historia, tal karma; en fin, todo aquello que tratamos de juntar para constituirnos en una especie de personaje, y eso oculta algo mucho más profundo. Lo que hace el dinamismo de nuestras vidas, es estar constantemente unidos a cada instante a todos los seres del universo y vivir profundamente esa unidad, es la actualización del despertar, es lo que hace que vayamos a tener una vida que nos satisfaga más,  y que necesitemos menos ir detrás de cualquier tipo de ilusión compensatoria. 
A. G. : Entonces, concretamente, nos podemos preguntar, ¿cómo nos despertamos?, ¿ por la práctica, me imagino ?
R. R. : Sí, pero no se trata de cualquier práctica, la práctica fundamental es la práctica de la meditación, en el Zen se llama a eso zazen, en otras formas del Budismo, se lo llama Vipassana por ejemplo; pero es una meditación que incluye necesariamente a la vez concentración en el cuerpo, atención a la respiración y una gran vigilancia, una mirada dirigida hacia el interior, que permita a la vez iluminar aquello que nos habita, -es decir nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros deseos-, y al mismo tiempo, esta mirada es más profunda que eso, es el conocimiento de uno mismo, por supuesto es realizar todo eso una vez más en la superficie, pero la realidad es que en el fondo eso es sólo vacuidad, ausencia de substancia, porque es impermanente, y cambia todo el tiempo. Esa impermanencia no es algo lamentable, es al contrario un factor de dinamismo si lo adoptamos, si lo aceptamos, si nos armonizamos con ella; es lo que permite a la vida de ser creativa y justamente evolucionar, transformarse.

A. G. : ¿Es que se puede llegar a decir que el Despertar se sitúa en la práctica misma, en el hecho de practicar zazen?

R. R : Absolutamente, es también algo que a menudo no se comprende. Se piensa que se practica para despertarse, mientras que la esencia de la enseñanza del zen, sobre todo en nuestra escuela Soto, fundada por el Maestro Dogen, es la práctica de la no-dualidad que va hasta hacernos sentir y hacer realidad que desde el primer instante de práctica, nuestra práctica es despertar, porque nuestra práctica nos armoniza con la realidad última. Nuestra práctica es una práctica de ver lo que es y de armonizarse con lo que es. Por ejemplo en zazen dejar pasar completamente los pensamientos, realizar los estados de consciencia que se llaman “hishiryo”, es decir más allá de la identificación con los pensamientos, también más allá del deseo de obtener un resultado por medio de la práctica.

A. G. : Es completamente desinteresado.

R. R. : Es una práctica “mushotoku”, sin objeto, aunque en el fondo se hace el voto de despertarse por el bien de todos los seres, pero en el momento en que se practica se olvida incluso ese voto de manera que somos totalmente uno con la práctica, lo que hace que la práctica sea inmediatamente realización.

lunes, 4 de mayo de 2015

Masacres en nombre de Dios...Patrick Pargnien



Pregunta :

Hola Patrick,

Estoy profundamente conmovido por las masacres en nombre de Dios. Si has escrito algo sobre este tema estaría muy interesado en conocerlo. Pienso que nuestra « religión » también debe reflexionar sobre sus desviaciones posibles desapegándose de todo objeto de apego, ( ideología, conceptos, maestro, rituales, textos ), fuente posible de división y de guerra manteniendo solo zazen y los preceptos.

Respuesta:

Entiendo que estés afectado, es terrible esa falta de consciencia y de sabiduría… yo lo estoy igualmente.

No he escrito nada referente a este tema (porque podría ser un tema…), pero puedo decirte lo que pienso en algunas líneas.

“Dios” siempre ha tenido y sigue teniendo mucho «aguante» para justificar las diferentes exacciones, abusos, que se han cometido, para justificar esa violencia que nos habita como seres humanos y que tiene su raíz en el miedo y sobre todo en el miedo a la diferencia que causa irremediablemente la exclusión.
Qué difícil es para los seres humanos relacionarse, atreverse a entrar en la diferencia, en el espacio del otro y osar dejar al otro que entre en nuestro propio espacio, en nuestra diferencia, sin perder su singularidad. Lo otro que puede ser lo vivo en general (mineral, vegetal, animal…), pero también a una situación, un hecho.
Todos somos seres esencialmente de amor, pero no-realizados, separados de esa fuente y por lo tanto con la ilusión fuertemente enraizada de que estamos separados. Este sentimiento de separación, de ruptura, genera miedo, cólera o violencia. Ese sentimiento de separación tiene por origen la ignorancia, la ignorancia de «nuestra» dimensión más vasta. Y así creamos toda una red de estructuras, de sistemas a los cuales nos apegamos, con los que nos identificamos y que nos dan seguridad o, más concretamente, dan seguridad al sistema condicionado. Entonces, para no perder estos «apoyos» sobre los que se han construido nuestra personalidad, nuestra manera de vivir, nuestras creencias, estamos dispuestos a defender ese «territorio»…

Por eso, ante todo, creo que es importante no desolidarizarse de todo lo que ocurre en el mundo porque es un reflejo fiel de lo que nos habita, de nuestros condicionamientos. Porque el conflicto, el sufrimiento, la exclusión, la violencia, el miedo, etc… existen en nosotros y por lo tanto es nuestra responsabilidad (en el sentido de que se debe dar respuesta) dirigir la mirada  180º hacia nosotros mismos para aclarar los diferentes estados mentales que se expresan en nosotros y alrededor de nosotros.
Darles luz para que pierdan su potencia y que dejen de dirigir nuestra vida.
Pero es igualmente importante ver y ser consciente de la belleza que hay en este mundo y en nosotros mismos y que habita en cada ser.


El camino del Zen es un hermoso camino, profundo tanto en la práctica que propone como en sus enseñanzas, portador de valores esenciales que se dirigen al corazón del ser; pero, sin embargo, para mí es importante no definirlo como una religión, aunque por desgracia la institución actual tiene tendencia a querer hacer de él una religión o incluso, quizá, una nueva iglesia. Pero el Zen no es ni una religión ni una filosofía y ése es el sabor particular de esta vía, que no se puede definir, nombrar, encerrar en un concepto. Como mucho, podemos considerarlo una vía espiritual, es decir, una vía que «se ocupa del espíritu» a través de una práctica. Ya sea mediante la meditación sedente o a través de las diferentes acciones de la vida. Esta vía permite que se reúnan las condiciones más favorables para que la luz silenciosa del despertar se realice, para que el ser humano se realice igualmente en su totalidad.

Como seres «espirituales» comprometidos con un camino de liberación, de trascendencia, debemos tener mucho cuidado de no cristalizar las formas ni cristalizarnos en ellas. De cierta forma, hay que jugar con ellas para no confundirlas con la esencia, con el corazón. Solamente son formas. Es verdad que a menudo se les da mucha importancia a los textos y pueden, a la larga, convertirse en dogmas, aunque su sentido profundo y su razón es la de ser una inspiración que nos acompañe en el camino. Por lo tanto, pienso que como instructores que transmitimos la Vía, es esencial “guardar” esto siempre en la mente.

A esta Vía espiritual del Zen, que dependiendo de las épocas, las culturas y los seres humanos que la han practicado, se ha ido estructurando, formalizando a través de diferentes reglas, ceremonias, etc… le vendría bien efectivamente despojarse de ciertas cosas. No necesariamente desprenderse de todo, pero como dije más arriba, jugar con las formas, crear rupturas y simplificarse para adaptarse a la realidad de hoy día, momento en el que la mayoría de seres comprometidos con esta Vía lo hacen viviendo en el mundo.

Y es importante asumir eso plenamente, vivir esta llamada, este soplo de lo espiritual en la vida de las convenciones humanas siendo un verdadero camino, ya que la Vía y el despertar están más allá de toda forma, en el sentido de que son la «expresión» de lo incondicionado. Es el canto invisible, silencioso de lo inasible.

El canto del despertar, de la luz silenciosa, es como un pájaro que se posa libremente sobre la rama de un árbol. Nadie lo ha llamado ni lo ha atraído. Nadie puede atraparlo.

Por eso, a menudo, como sabes, el escollo de la institución es adueñarse de un formato, sacarlo de su contexto (época, cultura…) y tratar de hacerlo coincidir con la realidad de hoy en día. Esa falta de flexibilidad, de libertad…, puede generar una cristalización tóxica para la búsqueda y por lo tanto para el camino espiritual de aquel o aquella que busca…

A veces las formas son útiles y otras veces no lo son. Lo esencial es no tomarlas por lo que no son, no confundirlas con el corazón de la Vía. Estoy de acuerdo contigo, tiene que darse un despojamiento de ciertas cosas para que la Vía espiritual se dirija directamente al corazón del ser y no ofrezca demasiado alimento al estado mental de división, pero eso está ligado también a la forma de transmitir la sabiduría de aquel o aquella que la transmite…

De corazón a corazón,   Patrick

domingo, 26 de abril de 2015

Sed vuestra propia lámpara: la última enseñanza del Buda

La foto es de José Luis Andrés, que hace un par de años publicó una entrada en su blog: Sed vuestra propia lámpara (www.satsangzaragoza.blogspot.com) en que hablaba sobre la Crisis zen.


LA ÚLTIMA ENSEÑANZA DEL BUDA

            Cuando llegó el final de sus días, mirando a sus discípulos Buda se preocupó por su propio hogar y por el hogar de ellos y decidió volver a su hogar, a Kapilavastu.
Cada día, desde su debilidad daba unas breves charlas de cinco a siete minutos sobre el propio hogar.
Cuando estaba acostado bajo los árboles del bosque de Sala en Kusinagara, el Buda se dirigió por última vez a sus discípulos insistiendo sobre la importancia del Dharma, de la enseñanza. Quería que la enseñanza y no una persona fuera el maestro de sus discípulos.

Les dijo:
“Sed vosotros mismos vuestra propia lámpara. Sed vosotros mismos vuestra propia isla. Vuestro recurso. No dependáis de nadie.
Que mi enseñanza sea vuestra lámpara, que mi enseñanza sea vuestra isla, vuestro propio recurso, vuestro propio hogar. No dependáis de otra enseñanza.
Mirad vuestro propio cuerpo, observad hasta qué punto es impuro. Si sabéis que el placer y el dolor son causa de sufrimiento, ¿cómo podéis dar curso libre a vuestros deseos?

Si observáis vuestra mente, veréis que todo es cambiante. ¿Cómo podéis ilusionaros con ella y alimentar vuestro apego y egoísmo si sabéis que estos sentimientos os conducirán inevitablemente al sufrimiento?
¿Podéis encontrar algo que permanezca en todo esto? Son agregados que antes o después se separarán y dispersarán.

Cuando constatéis la universalidad del sufrimiento, no temáis. Para liberaros de él seguid mi enseñanza, incluso tras mi muerte. Si lo hacéis así seréis en verdad mis discípulos.
Nunca olvidéis las enseñanzas que os he dado. Ni dejéis que se pierdan. Conservadlas, estudiadlas, practicadlas. Siempre seréis felices si seguís mis enseñanzas.

Lo más importante de mi enseñanza es que observéis vuestra mente. Abandonad la avidez y mantened vuestro cuerpo erguido, vuestra mente pura, sed sinceros en vuestras palabras.
Si continuamente os acordáis del carácter pasajero de vuestra vida, seréis capaces de poner fin a los velos de la avidez de la cólera y de la ignorancia y de evitar el mal.

Sed dueños de vuestra mente, la mente hace de un hombre un despierto o un animal. Equivocado se convierte en un demonio, despierto en un Buda. No dejéis que la mente se separe del Noble Camino.
Respetaos los unos a los otros, no seáis como el agua y el aceite que se repelen, permaneced como el agua y la leche, íntimamente mezclados.
Practicad, estudiad, enseñad juntos. 

No malgastéis vuestra mente y vuestro tiempo permaneciendo inactivos o en vanas discusiones y peleas.
En su estación gozaréis de las flores del despertar y recogeréis el fruto del Justo Camino.
Yo he seguido este mismo camino y de él saqué mis enseñanzas. No lo descuidéis. Seguidlas en toda circunstancia. Si no las practicáis, aunque estemos juntos, estaremos separados. Si no descuidáis estas enseñanzas, aún separados estaremos unidos.

Se acerca mi fin, nuestra separación no puede tardar, pero no os lamentéis. La vida es continuo cambio. Cada cuerpo se disuelve, os lo voy a demostrar con el mío propio que se deshace como un carro abandonado. No os lamentéis en vano, más bien admiraos por esta ley de impermanencia y daros cuenta hasta qué punto está vacía la vida humana.

No alimentéis el absurdo deseo de qué queréis que permanezca lo que es transitorio.

Proteged solamente vuestro espíritu rompiendo los lazos del deseo, tratadlos como si fueran una víbora. Proteged vuestro espíritu en serio.
Queridos discípulos, ha llegado mi último momento, pero no olvidéis que la muerte es sólo la disolución del cuerpo físico; para el que es inevitable, la enfermedad, la vejez y la muerte.
El verdadero Buda no es un cuerpo humano. Es el Despertar. El cuerpo ha de desparecer, pero la sabiduría del despertar, permanece eternamente en la verdad del Dharma, en la práctica del Dharma.

Me ve de verdad, no el que sólo ve mi cuerpo, sino el que acepta mi enseñanza. Tras mi muerte si queréis ser fieles a mí, seguid el Dharma, el será vuestro maestro.
Durante los últimos cuarenta y cinco años últimos de mi vida no he tenido ningún secreto. Nunca he mantenido en secreto nada de mi enseñanza. No hay ni enseñanza secreta, ni sentido secreto. Todo ha sido enseñado abierta y claramente.

Mis queridos discípulos, este es el fin. Estas son mis últimas enseñanzas”.

(Extracto de “La enseñanza del Buda”, Bukkyo Dendo Kyokai, Tokyo)

miércoles, 15 de abril de 2015

Eduardo Galeano




Quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.
Eduardo Galeano.  





Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir,
a la voz humana no hay quien la pare.
Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos,
o por los poros, o por donde sea.
Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás,
alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

Eduardo Galeano.


Nuestros amigos de Bidari nos envían este homenaje: