lunes, 10 de junio de 2013

Trampas en la vía 1/Roland Yuno Rech



I.                  Olvidar el sentido de la práctica: el zen es una vía de liberación
     Tras una precisión sobre el término libertad, que corresponde a una liberación del apego al ego, que está en el origen de todas las trampas, veremos que pasa por la aceptación de la realidad y de los tres sellos del Dharma. Si olvidamos que el zen es una vía de profunda liberación del sufrimiento y de los apegos, surgen entonces tres grupos de trampas: las ligadas al apego al despertar, las ligadas a la posición del practicante en la Sangha, y las ligadas a la relación con el maestro.

Una liberación del apego al ego
     Cuando nos referimos a la liberación, no nos referimos a la libertad tal y como es comprendida en Occidente, entendida como la libertad de pensar, de decir, de hacer lo que queramos o ir a donde queramos. Hay gente que se inicia en la práctica del zen cuando está en plena crisis, quiere ser libre y salir de un estado de sumisión a sus padres, a su cónyuge o a la sociedad. Ve el zen como una ideología basada en la libertad. Se vuelve egotista, ya no está sometida al poder de los otros sino a su propio ego y rechaza todo lo que le perturba. Deseando estar “centrada” se ha hecho “egocéntrica” y se sirve del zen como pretexto para satisfacer sus deseos en detrimento de su entorno. Evidentemente, esa no es la libertad del sentido de la práctica, una libertad totalmente contraria al espíritu de compasión y benevolencia, que es fundamental en el zen.
     La verdadera liberación, es ser libre de todo apego y sobre todo, del apego a un ego limitado, ilusorio, que no es más que una construcción mental que nos encierra y es el origen de todas las trampas. Cuando traspasamos ese apego al ego en la práctica, resulta de ello toda una serie de apegos que generan otras trampas.
  
Liberación y despertar a la realidad son la misma cosa
     Si la práctica es justa, desde ahora, desde el primer zazen, nos hace vivir en armonía con nuestra naturaleza de Buda. Por tanto, ya no hay dualidad entre nuestra práctica y el despertar.
     La esencia de la enseñanza de Buda y del zen, es llegar a la liberación del sufrimiento. Ahora bien, sufrimos ya que no estamos despiertos a la realidad, ya sea porque no la comprendemos, ya sea porque no queremos comprenderla, pues la realidad de la impermanencia no es fácil de aceptar. Ante esta dificultad, tenemos tendencia a refugiarnos en otras ilusiones, a anestesiarnos con creencias religiosas que tapan el sufrimiento de la impermanencia cultivando la creencia de que el alma es inmortal y que Dios nos acogerá en su paraíso tras la muerte. La enseñanza de Buda descansa en un mensaje fundamental: no podemos liberarnos más que por la verdad y el reconocimiento de la realidad tal cual es. Reconocer la realidad tal cual es, es reconocer los tres sellos del Dharma: -(el sufimiento, la impermanencia, la ausencia de un sí permanente. El cuarto sello es el nirvana realizado cuando los tres primeros son resueltos)-  y por tanto, aceptar la impermanencia de la realidad, la vacuidad, la ausencia de sustancia de todas nuestras fabricaciones mentales y de nuestro ego.
     Esta aceptación provoca un verdadero abandono del apego al ego, lo que lleva consigo que ya no habrá verdaderas causas de sufrimiento y, si las hay, serán mínimas. No subsiste más que el sufrimiento del bodhisattva, causado por la compasión de ver sufrir a los otros en sus ilusiones.

Desarrollar shoken, la visión justa
     Resolver el sufrimiento se hace posible por la comprensión justa, la sabiduría. La comprensión justa, es el Hannya Shingyo, es Shoken: la visión justa que resuelve el sufrimiento. Para llegar a esta visión justa, es precisa una práctica de  concentración que es condición previa necesaria para llegar a un grado de lucidez suficiente y ver que todo es vacuidad, es decir sin sustancia propia, efímero e impermanente. Es lo que permite relativizar y decirse “en el fondo, todo esto no es nada” y comprender que la raíz del sufrimiento es ilusión y por tanto, poder liberarse de ello. Es lo que se llama el despertar.



martes, 28 de mayo de 2013

Campos de Verano



                                                                                                        Joao Paglione
               

           Para deshacer, deshacernos del frío inverprimaveral qué mejor que un Campo de Verano,
os adjuntamos algunos de entre ellos para hacer boca en la agenda.

CAMPOS DE VERANO 2013

ROLAND YUNO RECH:
Godine (Bélgica) del 20 al 28 de julio
Gendronniére del 13 al 21 de agosto

RAPHAEL DOKO TRIET:
Seikyuji del 30 de junio al 8 de julio
Gendronniére del 2 al 10 de agosto

PATRICK PARGNIEN:
Grignols del 24 al 28 de agosto

CHINREI GÈRARD PILET:
Gendronnière del 24 al 28 de agosto

ALONSO TAIKAI UFANO:

Sierra de Aracena del 14 al 24 de julio

jueves, 23 de mayo de 2013

Sonidos- Canto de Sutras


SESSHIN ZEN / TALLER 

SONIDOS Y CANTO DE SUTRAS


EN PAMPLONA el 22 Y 23 DE JUNIO DE  2013
Dojozen Genjo Plaza Monasterios de Navarra nº 7



 

Dirigido por  Sergio Gurevich

 Organizado por el Dojozen Genjo 
de Pamplona/Iruña

(Miembro de la Asociación Zen Internacional fundada por el Maestro TAISEN DESHIMARU y de la ABZEN)

.
Información:   Tél   948 18 25 94      

martes, 21 de mayo de 2013

Ryokan, poema





Ikumure
ka
oyoide
yaku
ya
iwashi
uri

Ryokan

Cuántos vendedores de sardinas
nadando entre la gente,
como bancos de peces.

Ryokan









domingo, 12 de mayo de 2013

Inevitablemente camino



                               DE: http://integrativo.net/blog/2009/11/29/la-espiral-de-la-vida/


“Inevitablemente camino,
de sombra en sombra,
suavemente hacia la luz”

En este comienzo hay referencias al poeta Takeda Santoka y a Kodo Sawaki, cuando decía, hay que ir de oscuridad en oscuridad.

Practicamos la Vía, una andadura espiritual en la que debemos encontrar la justa distancia.
Una andadura espiritual auténtica no consiste en evitar las dificultades, sino aprender el arte de equivocarse conscientemente, poner consciencia en nuestras equivocaciones y someter nuestros errores al poder transformador de nuestro corazón.

Estas inevitables dificultades bien sean físicas, emocionales, intelectuales, espirituales, en nuestra Vía, son nuestro caminar, son nuestro camino; la fuente de nuestro despertar, de nuestra sabiduría, paciencia, equilibrio, compasión, serenidad, cada vez más profunda.

En nuestro fondo sabemos que, como en el cuento de Rapuntzel, la paja es oro. Con las malas hierbas hacemos nuestra cabaña en que practicar zazen, en que morar.

La práctica de la Vía, la práctica espiritual nos lleva desde el comienzo a descubrir la necesidad de querernos, de amarnos, de curarnos, de poner fin al conflicto dentro de nosotros y en nosotros y ejercitarnos en estar presentes en nosotros con la atención plena.
A medida que desarrollamos más consciencia, vemos más claramente las inevitables contradicciones de a vida, el eterno juego de alegrías y tristezas.

En nuestra tradición no expulsamos a los demonios, los abrazamos –decía el M. Deshimaru- y bailamos con ellos. Abrazamos nuestras contradicciones.

Transformamos nuestras dificultades en camino.

La puerta de la gran libertad es abarcar de un vistazo la totalidad de la realidad. Ver con un ojo las apariencias diferentes de los fenómenos y con otro con el de la sabiduría, prajna, la vacuidad de esos diferentes fenómenos que nos permiten, siendo uno mismo, ser el otro, ser el cosmos, ya que uno mismo es sin sustancia.

“Inevitablemente camino”, decía Takedo Santoka.

Dogen expone en el Shobogenzo que nuestra práctica consiste en estar en ese vaivén continuo entre el yo ilusorio (relativo) y el verdadero sí (la naturaleza propia), hasta hacernos verdaderamente íntimos con el sí mismo, con lo que es, el espíritu vasto, amplio, la verdaderamente que nos une a dukkha, el sufrimiento, la incomplitud; hasta que conozcamos el camino de memoria y dejemos de errar de “oscuridad en oscuridad”. Esta es la atención de que hablamos, la atención de la consciencia hishiryo, la inmediatez de reencontrar el camino al verdadero sí.

La Vía del Buda está más allá de la afirmación y de la negación, del apego a los fenómenos o a la vacuidad. Vacuidad y fenómenos son como la palma y el dorso de la mano.
La puerta de la gran libertad es abarcar de un vistazo la totalidad de la realidad. Ver con los dos ojos, uno el de las apariencias, otro el de la sabiduría que percibe la vacuidad de esas diferencias que permite, siendo uno mismo, ser el otro, ser el cosmos, ya que uno mismo es inasible, sin sustancia. Estos dos ojos que ven apariencias y vacuidad a la vez, pueden transformar nuestras dificultades en despertar.

martes, 30 de abril de 2013

SESSHIN CON PATRICK PARGNIEN EN GRIGNOLS


SESSHIN ZEN CON PATRICK PARGNIEN


Llegar el jueves 3= de mayo para la hora de cenar a 20,30 horas.

Lugar: En Grignols (4-Lieu dit le Rouchet
05 56 25 66 19

Precio: En el interior 90 euros, en tienda 70 euros ( tarifa reducida 50 euros)


Traducción al castellano.

De LAS TRAMPAS EN LA VÍA


                                                             (De Mario Unsui Ojeda)


Cuando constatamos que en zazen rumiamos pensamientos, que alimentamos un problema, que le buscamos soluciones, creemos que hacemos un mal zazen pues no somos capaces de iluminar nuestras ilusiones. Sin embargo, si en zazen hay ilusiones no significa que hagamos un mal zazen. Pero si pensamos que es un mal zazen porque no somos capaces de iluminar nuestras ilusiones y que alimentamos un problema, lo que hacemos no es un mal zazen, sencillamente no es zazen. Sólo estamos en una postura. Pero si creemos que el nuestro es un buen zazen, eso tampoco es zazen.

     En cuanto hacemos un juicio sobre nuestro zazen, ya no estamos en el espíritu de zazen. El hecho de que surjan todos los estados (sanran, kontin, ruminaciones mentales) no vuelve malo el zazen, siempre y cuando seamos capaces de mantener esa dimensión de testigo, de observador. Una parte de nosotros deja emerger los bonnos, pero el anclaje en la postura permite despegar la postura de todos los objetos mentales que surgen, sean los que sean. Hay que poder verlos sin identificarnos con ellos. Este no es el momento de buscar una solución, de resolver un problema, de rumiar, sino más bien de tomar distancia y verlos solo como fenómenos mentales. Es fushiryo: percibimos el estado en el que estamos, sin juicio, lo que permite acceder a la conciencia hishiryo, el estado más allá de los pensamientos.

    No hay que perder de vista el lado relativo del bien y del mal, un gran bonno puede convertirse en samadhi: hay tanto sufrimiento que en un último esfuerzo comprendemos que todo eso es vano y abandonamos. Cuanto más grande es el bloque de hielo, más agua de deshielo, decía el Maestro Deshimaru. Bonno soku bokai, las ilusiones devienen despertar. Esa distancia es permitida gracias a la concentración, lo que está bien y es lo que constituye la primera vertiente de zazen. Pero no es suficiente.

     Hay dos maneras de liberarse de los apegos: por una parte la concentración y la observación y por otra parte shoken, la comprensión de la vacuidad. La verdadera vacuidad libera de sí mismo y permite ser verdaderamente sí mismo.

     En el Gengo koan se dice: “Aprender a conocerse a sí mismo es olvidarse de uno mismo, olvidarse de sí mismo es ser certificado por todas las existencias”. Es decir, realizar el despertar con todos los seres. Hay pues una complementariedad: sin la concentración suficientemente fuerte, no podemos realizar el desapego. Sin visión justa, todos los esfuerzos que hagamos serán insuficientes para iluminar la realidad pues no habremos ido a la raíz. Nuestra visión justa y nuestro comportamiento deben armonizarse gradualmente.

     Para responder a la pregunta: “¿Podemos calificar nuestro zazen?” “¿Qué es un mal o buen zazen?” Es malo cuando deseamos algo. Pero “bueno” vuelve a la misma idea, permanecemos en la ilusión pues todavía calificamos. Podríamos decir, sencillamente: un zazen es bueno cuando es malo para el ego. Es un zazen en el curso del cual en lugar de obtener algo, perdemos algo.

En este mundo,
¿quién puede pretender ser verdadero?
¿Quién de entre vosotros
es capaz de discernir
dónde acaba el cielo azul?

Roland Yuno Rech