martes, 6 de diciembre de 2016

AGENDA


OS ADJUNTAMOS LA AGENDA PREVISTA EN ESTE MOMENTO:


-COSTURA: Habrá los jueves 22 y 29 de diciembre, tras acabar el zazen de la mañana, 9 horas y hasta las 12 h.

-del 27 de diciembre al 1 de enero, Roland Yuno Rech, sesshin de invierno en la Gendronnière.

-del 29 de diciembre al 1 de enero zazen con Patrick Pargnien en Grignols.

-el 16 comenzaremos el Encuentro zen con Alonso de 20 a 21,30, para continuar el 17 sábado de 8,30
a 13, 45, con posterior comida de hermandad. Si tienes intenciónde asistir ya nos lo harás saber para la buena organización del mismo.

-del 20 al 22 de enero (llegada el jueves 19, salida el 22 después del dEsayuno y recogida), habrá
una sesshin con Luc Boussard en Egino, organizada por la Azeh.

-el 3 y 4 de febrero tendremos un Encuentro zen con Eukeni Callejo, fundador del dojo de Pamplona
en conmemoración y celebración de los treinta y tres años de práctica en Pamplona y de treinta de la Asociación zen y práctica en Monasterios de Navarra 7.
 

-el 17, 18 y 19 de marzo, organizamos nuestro dojo la sesshin con Roland Yuno Rech en Egino.

-el 5, 6 y 7 de mayo sesshin en Egino con Raphael Doko Triet organizada por la Azeh.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Leonard Cohen , una aproximación a su vida zen.







 En 2009, en Rockdelux, cuya portada es esta imagen de Leonard Cohen saludando, “su” traductor Alberto Manzano escribió un artículo llamándole el burgués juglar.

Hemos entresacado y adaptado una parte de su artículo en que se refiere a los años de su vida que pasó como monje zen, sirva esta entrada como homenaje:

Leonard Cohen, fue ordenado monje en agosto de 1996. Escribiría:

“Después de la gira de ‘The Future’, caí en picado. Había bebido muchísimo y mi salud estaba tocada. Afortunadamente, siempre he tenido un estómago muy delicado y no he podido abusar de las drogas y el alcohol. Así que decidí retirarme, cuidarme como nunca lo había hecho. Al fin y al cabo, un monasterio zen es un lugar de rehabilitación para personas desquiciadas por la vida”.

En 1993, Cohen llevaba veinticinco años practicando zazen –meditación zen–, guiado por su maestro espiritual Roshi. De verdadero nombre Joshu Sasaki (1907), Roshi había vivido cuarenta y un años como monje en Japón, quince de ellos en calidad de maestro –actualmente ocupa la posición 88 en la línea de los patriarcas del budismo zen­ –, cuando, en 1962, llegó a Estados Unidos para establecer una rama del zen conocida como rinzai. Comenzó a finales de los años sesenta con una sesshin –retiro espiritual– en el monasterio de Mount Baldy –situado a dos mil metros de altura en el Bosque Nacional de San Gabriel, cerca de Los Ángeles–. Después de tres días de intensa práctica, el poeta se convenció de que “aquello era la venganza por la Segunda Guerra Mundial. Con un maestro japonés, Roshi, y un monje alemán, Geshin, a la cabeza del centro, tenían a un montón de chicos norteamericanos andando con sandalias por la nieve a las tres de la madrugada”. El viento soplaba y arrastraba la nieve por el comedor, helando la comida en los platos, el régimen era escaso, la disciplina extrema y, después de cuatro semanas, Cohen huyó a Acapulco –se puede ver su corte de pelo estilo budista en la foto de la portada de “Live Songs” (Columbia, 1973)–.

Sin embargo, algo quedó en él, y al cabo de ocho meses volvió. Trabó una profunda amistad con Roshi, acompañándolo en varios viajes a monasterios trapenses e implicándose personal y económicamente en la apertura de otros dojos, en Nuevo México, Texas, Nueva York y Montreal. 

“La meditación no es lo que piensas. Te sientas en absoluto silencio y tu mente empieza a repasar todas tus películas. Durante ese proceso, te vuelves tan familiar con los guiones que mantienes en tu vida que acabas hartándote de ellos. Entonces comprendes que la persona que crees que eres no es más que un complicado guion en el que gastas la mayor parte de tu energía. Tras un examen más minucioso, descubres que tu personalidad te asquea. Y eso es porque en realidad no eres tú. Si te sientes lo suficientemente aterrado por esa personalidad, espontáneamente permites que se desvanezca. Y entonces, si tienes suerte, puedes experimentarte a ti mismo sin la distorsión de esa personalidad. Ese es, en esencia, el proceso de zazen, la filosofía de Roshi”.

Pero Cohen nunca ha sido ortodoxo en este tema (ni en ningún otro), y mezclaba disciplina y vocación: “Sentado en meditación, he terminado una larga canción”, declararía –en su cabaña disponía de un sintetizador con el que compondría material para su siguiente disco, “Ten New Songs” (Columbia, 2001)–. Finalmente, en 1999, sintió que el velo había caído: “Siempre había tenido muchas versiones de mí mismo (¿contradicciones?) en las que utilicé la religión como apoyo. Hubo un momento en que pensé que podía iluminar mi mundo y el de los que me rodean, que podía tomar el camino de Bodhisattva, que es el camino de ayuda a los demás. Pensé que podía, pero no pude. El camino espiritual es un mundo en el que hombres mucho más fuertes que yo, mucho más valientes, más nobles y generosos, se han quedado hechos trizas. Yo no soy un hombre espiritual. Una vez que empiezas a tratar con material espiritual, te haces papilla”.

En Cohen, para quien “la ocupación de ser un hombre es más importante que la de ser un cantante o un poeta”, rehacerse como artista ha sido siempre su desafiante oficio. “Renacer de las cenizas constantemente en esta vida de extremos... Y aquí estoy de nuevo. La última vez tenía 60 años y era solo un crío con un sueño loco”.

 “(el camino / es muy largo / el cielo / muy vasto / el corazón / errante / por fin / no tiene casa) y este poema existe en un dibujo en su caligrafía bajo la luna llena, como existe el universo sobre la palma de una mano.” De El libro del anhelo.

Leonard Cohen persigue la poesía y lo hace cantando en su disco más reciente, Old Ideas:

‘‘Danza tu belleza con un violín en llamas / hazme bailar a través del pánico hasta que recupere mi centro / méceme como rama de olivo y transmígrate en ave que vuelve a casa / Llévame bailando hasta el fin del amor”.

En el último disco vemos un colibrí que sale volando de una luminosa ventana hacia la oscuridad:

Escucha al colibrí
cuyas alas no ves
escucha al colibrí,
no a mí.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Wanshi, un maestro chino por Roland Yuno Rech



 

Wanshi, un maestro chino

Wanshi, fue un monje chino. Vivió en el siglo XII, un siglo antes de Dogen. Era monje desde la edad de once años. Había practicado con un maestro de la escuela Soto que se llamaba Kumu.
El Maestro Wanshi despertó al oír una frase del Avatamsaka Sutra: “Los ojos que nos han dado nuestros padres pueden contemplar tres mil mundos”.

Tres mil o diez mil, es un número infinito, ilimitado. Se trata de los ojos de la intuición, de la mente que lo engloba todo. No está limitado por las categorías mentales de próximo o alejado, de pequeño o amplio. Son los ojos que nos han dado nuestros padres y que ellos han recibido de sus padres. Esos ojos no son el resultado de la práctica. No es zazen quien produce esa intuición. Pero permite encontrarla haciéndonos abandonar todo lo que oscurece nuestra mirada, nuestra mente.

A la edad de veintitrés años, Wanshi encontró al Maestro Tanka Shijun, otro gran maestro de nuestro linaje Soto. Ese maestro le preguntó: “¿Cuál es tu verdadero sí antes del kalpa del vacío?” Es decir: ¿Cuál es la esencia de tu existencia más allá de tu ego limitado?

Esta pregunta, evidentemente, no sólo se le hizo a Wanshi. Es el koan esencial de nuestra práctica.
Wanshi respondió: “Una rana, en el fondo del pozo se come a la luna. A media noche, no percibo la luz de una linterna”.
Y Tanka le golpeó diciendo: “¿Dices que no percibes nada?”
Y Wanshi despertó
Tanka preguntó: “¿Por qué no dices nada?”
Wanshi respondió: “Hoy he perdido el dinero y he sido castigado.”
Tanka concluyó: “No tengo tiempo de pelear contigo”. 

Después de esto Wanshi recibió el shiho del Maestro Tanka. Se instaló en el monasterio del Monte Tendo, Tendo San, donde un siglo después el Maestro Dogen encontró al Maestro Nyojo.

La rana en el fondo del pozo somos tú y yo aquí y ahora. ¿Cómo puede comerse la luna? Lógicamente eso no es posible, pero si abandonamos la mente q   ue crea separaciones, que se ve pequeña ante una luna grande, que se ve aquí mientras la luna está allí, que piensa que la naturaleza de Buda es otra cosa distinta a sí mismo, si abandonamos esa mente, ya no hay necesidad de comerse a la luna, ¡es ella la que viene a nosotros!

Cada uno debe realizarlo por sí mismo, aunque llevemos prestada la linterna de algún otro, cada uno debe ser capaz de iluminar su propia vida, cada uno, como Tokusan cuando Ryutan apagó la linterna que acababa de enseñarles.

Aunque la esencia del zen esté enteramente contenida en nuestra práctica de zazen, el ejemplo y la enseñanza de los antiguos maestros nos ayudan a revelar el verdadero sentido de nuestra práctica. Aunque llevemos por un tiempo sus linternas, si volvemos a la experiencia que ellos han transmitido, no tenemos necesidad de pedir prestado nada. Aunque perdamos dinero no por ello somos pobres.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El campo de la vacuidad...comentarios de Roland Yuno Rech sobre Wanshi

 

 

 El campo de la vacuidad

Wanshi nos dice:
“El campo de la vacuidad ilimitada y luminosa es lo que existe desde el origen”
Cuando practicamos zazen volvemos a ese origen, del que la mayor parte del tiempo hemos perdido el contacto. Nos hemos encerrado en nuestro ego limitado, en nuestras construcciones mentales. Hemos perdido el contacto con la fuente de nuestra vida, con lo que existe desde antes de nuestro nacimiento, con lo que existe desde antes que separáramos “yo mismo” y los otros. Todas las religiones intentan llevarnos a esa realidad. La mayor parte de las veces eso pasa por nuevas construcciones mentales que se añaden a nuestras construcciones egoístas, y eso crea todavía más conflictos y oposiciones.

Como dice el Maestro Wanshi:
“Practicar zazen es purificar, pulir todas las tendencias que hemos fabricado, que se han vuelto nuestra manera habitual de pensar”

Por la repetición de la práctica, esas construcciones mentales son trituradas, reducidas a polvo y barridas. 

Wanshi nos dice:
“Es lo que finalmente nos permite residir en el círculo de luz y claridad”

Hoy es el día más corto del año. La noche es más larga. Es el periodo del año en el que la oscuridad es más intensa y por ello Navidad es la fiesta de la luz. Es encontrar la luz en la oscuridad. En la práctica de zazen eso se realiza barriendo todo lo que oscurece nuestra mente, haciendo realidad que lo que la oscurece no tiene más sustancia que las nubes en el cielo. Así, durante esta sesshin concentraos bien en cada espiración y dejar pasar todos vuestros pensamientos, volviendo constantemente a la verticalidad de vuestra postura y al contacto de vuestros pulgares.

Ninguna existencia tiene sustancia propia

Durante zazen volved constantemente a la atención en vuestra respiración pues es el otro polo de la concentración. La postura es la base y la respiración a lo que se vuelve constantemente. Volver la atención a la respiración nos remite al aquí y al ahora. Nuestras construcciones mentales aparecen ahora como irreales. El 99 % de lo que pensamos durante zazen no tiene nada que ver con zazen aquí y ahora. Se trata de otra cosa: lo imaginario que es sin sustancia pero a lo que nos apegamos, obsesiones que oscurecen nuestra mente. Si queremos combatirlas con el mental, con la mente ordinaria, tenemos una confusión suplementaria. Es más sabio concentrarse en la postura y en la respiración y dejar que esa concentración desate los nudos que nos hemos fabricados.

Durante un día de zazen como hoy, si continuamos esa concentración durante un cierto tiempo, podemos encontrar un espíritu vacío, disponible luminoso, no oscurecido por los pensamientos. Todas nuestras preocupaciones se desvanecen y podemos constatar la vacuidad. Esta vacuidad no debe volverse una imagen o un concepto. Es la naturaleza real de todas las cosas con la que nos armonizamos naturalmente cuando dejamos de seguir nuestros pensamientos, cuando vivimos de nuevo a través del cuerpo, la respiración, estando sólo presentes en que surge y desaparece de instante en instante (el proceso de la vida de cada instante). No nos apegamos ya a nuestros pensamientos. No dependemos de nada.

Como dice el Maestro Wanshi:
“Esta independencia no se apoya en nada”

Podríamos creer que depende de la práctica pero la práctica y nosotros somos sin separación, nos hacemos la práctica misma; así es que no hay dependencia entre sí y la práctica. La práctica es nosotros, nosotros somos la práctica, y no sólo en zazen sino en toda nuestra vida. Lo que practicamos está muchas veces condicionado por nuestras ilusiones, así es que nos ilusionamos. Es la vida del karma. Si paramos esa vida, si nos sentamos en zazen, si volvemos nuestra mirada hacia el interior, podemos iluminar nuestra vida, aprender a ver claro. Es volver a la verdad original sin depender de nuestros pensamientos ni de las condiciones exteriores, sin dejarnos engañar por los fenómenos.

El Maestro Wanshi nos dice:
“Estamos invitados a comprender que no hay nada que tenga existencia propia”

Esto quiere decir que ninguna existencia tiene sustancia. Esto no es una nueva concepción filosófica de la vida sino la experiencia íntima que podemos hacer realidad nosotros en zazen. Si hacéis una experiencia diferente, por favor, mostrádmela. Mostradme lo        que tiene sustancia propia, lo que existe de manera permanente y por sí mismo. Si no encontráis nada que parezca eso, podéis despertaros a la vida iluminada.

En ese dominio de la vida que Wanshi llama “el dominio de la luz ilimitada”, no hay ni nacimiento ni muerte. Lo que parece nacer es la manifestación de la transformación constante de los fenómenos. En realidad no hay nacimiento, no hay muerte, sólo existe la constante transformación de todo. Nosotros mismos somos esa constante transformación. Practicar zazen nos ayuda a volver a esta realidad, a impregnarnos, a armonizarnos con ella, encontrando un cuerpo-mente flexible, dulce, sin oposición.